La riqueza al hablar de los peces

4 de agosto de 2020

 

Entre las muchas riquezas que la Cuenca Amazónica nos trae, los peces son una de las más importantes. Para la gente que vive ahí, los peces son también sus compañeros en la selva amazónica. Seres con los cuales se convive, interactuando en la creación de sentidos para el mundo. Son alimento, fuente de proteína y varios nutrientes que no puede faltar en las comidas. Al mismo tiempo, son fuentes de ingresos para las familias. La pesca es un conocimiento que pasa entre las diferentes generaciones.

 

En la Cuenca Amazónica la diversidad de especies de peces es muy grande y los nombres de los peces ya son una riqueza por sí solos. Lo que puede parecer desde afuera una confusión infinita de nombres refleja desde dentro una riqueza de conocimientos y diferentes formas de dar orden y sentido al que conocemos del mundo.

Los nombres atribuidos a los peces por pueblos indígenas y otras poblaciones tradicionales dan cuenta de la estrecha relación entre los peces y la cultura. En Brasil, por ejemplo, muchos peces tienen el prefijo ‘pira’ en su nombre. Pirarucu, pirapitinga, pirarara, piraña… La lista es larga, porque ‘pira’ es el término tupí para pez en general.

 

De manera más reciente, algunos peces gañan su nombre de equipos de fútbol. El Brachyplatystoma juruense es un ejemplo de eso tanto en Perú, donde le llaman alianza, cuanto en Brasil, donde  le llaman flamengo.

 

Los peces que están listados en la aplicación Ictio también traen esa riqueza de nombres. Mismo en países que tienen la misma lengua, como es el caso de los países hispano hablantes, los nombres de los peces cambian conforme las regiones. Esos nombres aparecen listados en Ictio. Y algunos grupos de usuarixs, como los Matsigenka de Perú, están usando los espacios de los comentarios en Ictio para colocar los nombres en su propia lengua.

  

Estos son los peces que forman parte de la lista de peces en la aplicación Ictio: 

 

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¿De dónde vienen los nombres científicos?

Cuando es realizado un registro científico de una especie, el profesional responsable por dicho trabajo puede escoger el nombre de esa determinada especie. Para que los nombres siguieran un patrón, fueron propuestas por Karl von Linné, en el libro Systema naturae, varias reglas de nomenclatura. Entonces, para nombrar una especie:

  1. Los nombres deben ser escritos en latín. Como lengua muerta que no es hablada oficialmente en ningún país, el latín se tornaría así un referente uniforme;
  2. Para escribirlos, los nombres científicos deben ser destacados, con itálica o subrayado;
  3. Los nombres científicos son compuestos. La primera parte del nombre designa el género y la segunda parte la especie. Esa segunda parte, también conocida como epíteto, puede referirse a una característica propia de aquella especie, como el lugar donde fue encontrado o donde habita, algún detalle de organización corporal o inclusive puede ser un homenaje a alguna persona, científico, personaje, por ejemplo;
  4. La nomenclatura del género representa un sustantivo, por eso debe ser escrita con la letra inicial mayúscula. El nombre de la especie representa un adjetivo, por lo tanto, debe comenzar con una letra minúscula. En algunos casos, también existe el nombre de la subespecie o del subgénero;
  5. En muchos casos, principalmente en trabajos científicos, los nombres vienen acompañados de información extra: el año y el responsable por la descripción;
  6. Otro elemento que puede acompañar estos nombres científicos es la expresión sp, en caso de animales es usado cuando no sabemos de cuál especie 36 se trata (porque puede ser nueva o no se tiene referencia suficiente al momento de la citación) y apenas el género de una especie es conocido. Para indicar el plural, en que hay varias especies que pertenecen al mismo género es usado el spp.

Cuando leemos sobre el tema de nombres científicos, es común referirse a especies descubiertas. En verdad, es mucho más correcto afirmar que las especies fueron descritas taxonómicamente por primera vez. Varios pueblos que viven en la selva, por ejemplo, ya conocían aquella especie, pudiendo tener información sobre ésta y sobre sus diferencias con otros animales o plantas. ¡Entonces, la novedad en ese caso es para la ciencia!

Y existe mucho trabajo a ser realizado: ¡Entre los años 2014 y 2015, fueron descritas 381 nuevas especies de plantas y animales en la Amazonía!